Al día siguiente Kathy volvía su rutina diaria de siempre, sólo que ahora había algo más en dicha rutina: un plan. Pero no podía hacerlo sola, requería de un complice, asi que escogío a la persona en la que más confiaba: el señor Chapmel. Claro que convencerlo de que formara parte de la operación era lo único que Kathy no estaba segura de como haría. Despues del isipido desayuno, Kathy se dirigió al corredor de la parte trasera de la casa, donde se encontró al señor Chapmel que venía a recogerla.
-Buenas días jovencita-Saludó el hombre, tan cordial como siempre. Kathy suspiró antes de subirse al auto. De repente escuchó una vocecilla en su cabeza "¿Por qué estas tan nerviosa? Es sólo otro día". es sólo otro día, se repitio en la cabeza. Despues de un rato, Katherine decidió poner manos a la obra.
-Señor Chapmel . . .-empezó a decir-. Me preguntaba si podía hacerme un pequeño favor . . . .
-Desde luego jovencita, ¿Qué desea?
-Me preguntaba si . . .si, esta tarde no me recogiera ni me llevara a clase de violín.
-Jovencita . . . .-dijo el chofer-. ¿Qué ocurre?
Kathy se sintió acorralada. Por otra parte, no quería esconderse de su mejor amigo.
-Quiero salir de la zona alta e ir al coro que vimos ayer. Quiero unirme a él.
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