sigo soñando con fantasías para sobrellevar la cuerda realidad

jueves, 30 de diciembre de 2010

el coro de gospel/2

Al día siguiente Kathy se dispuso a ir a la escuela como siempre. Se vistió en su cuarto y salió al pasillo, que salía al corredor y desembocaba en las enormes escaleras.La casa estaba en un silencio total, tan sofocante y denso, pero tan frágil a la vez, ya que cualquier ruido podía perturbarlo. Aunque en la casa sólo esta Kathy, ésta se movía con sigilo y silencio hasta la cocina, para el desyuno. Éste consistió en cereal integral y leche. Se habría hecho algo más elaborado si supadre hubera estadom presente, pero él estaba lejos, en alguna sala de juntas muy lejos de ahi. Apenas habían pasado quince minutos cuando el señor Chapmel entro a la estancia por la puerta trasera de la casa.
-Buenos días jovencita- saludo alegremente quiotandose el sobrero.-¿Descansó bien a noche?- Con cada palabra su bigote bailaba un poco sobre el labio inferior, ya que el supérior quedaba oculto entre los mismos bigotes.
-Me habría gustado descansar más, pero por ahora estuvo bien Chapmel.-respondió al tiempo que ponia los platos sucios en el fregadero y se colgaba la mochila al hombro.

Los dos amigos partieron a la escuela.

domingo, 12 de diciembre de 2010

El coro de Gospel

Estimadísimos (y escasos ) Lectores:
El día de hoy me desperté inspirada, e inmediata mente acudí a este pequeño pedazo de papel virtual. La historia que a continuación escribiré  está aun en progreso,y peor aun, sin título. Así que si alguno de ustedes tiene ideas, no sea tímido y compartalas. Ahora a lo que voy: la historia de Katherine en California y de sus aventuras al unirse a un coro de gospel.


Katherine subió a la camioneta entre el estruendo de la salida de la escuela. El escandalo se quedo afuera al cerrarse la puerta tras la muchacha como la noche sobre el día. Finalmente tenía paz y tranquilidad para hablar con u mejor amigo; el señor Chapmel, su chofer. Aquel hombre era a mayor, con su poblado bigote y lacio pelo entrecano. -Hola- dijo el hombre son una sonrisa surcada de arrugas
- ¿fue un buen día?- Que pregunta tan abierta era esa, pero Katherine sabía contestar cosas así con frases cortas.
- Dentro de lo que cabe señor Chapmel, dentro de lo que cabe- aunque era su mejor amigo, nunca lo llamaba por su nombre de pila, sino por su apellido, en señal de respeto.
El señor Chapmel sonrió de nuevo y dijo- Tan joven y tan compleja . . .
Fue entonces Kathy la que sonrió. Había que admitir que tenía razón. A sus 17 años, la pobre chica se comportaba como una adulta. Desde su ropa hasta su manera de hablar era muy madura  e incluso fría. Muchas veces se había preguntado por que sería así, y la respuesta era tarde o temprano la misma: sus padres. Se habían divorciado cuando ella cumplió 15 años, y ahora ella vivía con su padre, que no había vuelto a casarse a diferencia de su madre, que ahora tenía dos hijos, un esposo nuevo, y una casa al otro lado de la ciudad. Ambos, su madre y su padre eran ejecutivos de gran prestigio y fortuna, la segunda razón de la seriedad de Katherine. Siempre había sido educada en las mejore escuelas de California, e ingresado en toda clase de clases por la tarde. A sus 17 años ella ya tocaba el violín, el piano, hablaba, francés, latín e italiano y sabía montar a caballo. Lo peor de todas estas clases, además de que la opinión de Kathy sobre todos estos talleres nunca fue tomada en cuenta, es que ella tenía que sobresalir en todas las clases para ganarse la satisfacción de cuando menos su padre. Todo aquello forjó el carácter de Katherine hacia la inmutabilidad, la prematura madurez y la distante frialdad.

Los altos edificios corporativos quedaron atrás y las grandes y ostentosas residencias ocuparon su lugar. Aquel era el lugar  en el que ella había vivido toda su vida. Nunca había salido de la zona alta de California, aunque claro que sabía de la existencia de otros lugares menos adinerados. Llegaron al final de la calle donde se encontraba su casa. Tanto el chofer como la joven bajaron y entraron a la casa por la puerta e la cocina, en la parte de atrás. Nunca entraban por la puerta principal, eso era para su padre. Tampoco se sentaron en el comedor, pues era para cuando menos 20 personas, y por lo general, fiestas. Así que los dos amigos se sentaron a la mesa de la cocina y comieron un plato de sopa enlatada cada quién.

Operándome/Si no puede él , tendrá que ser ella

(Por enésima vez el paciente cruza el umbral, ya no con miedo, sino con artazgo y cansancio. Se vuelve a sentar en la silla de siempre sin necesidad ya de una invitación y espera al dentista con incertidumbre.)

SRA. DENTISTA: (aparece una mujer en el escenario nunca ante vista, aunque aparentemente conocida por el paciente que con una mirada contrariada la saluda) Hola ¿como estas?

NARRADOR: Tú dime . . .

PACIENTE: Bien, bien. ¿y el dentista?

SRA. DENT.: Eh él . . . decidió que . . .bueno . . .el punto es que yo te voy a atender hoy.

NARRADOR: Cobarde.

SRA. DEN: OK voy a ponerte ese braquet , no vas a sentir nada y lo haré lo más rápido que pueda.

NARRADOR: Vamos a ver . . .
(Paciente abre la boca)

(a continuación la dentista comienza a trabajar, primeo con pinzas y algodones, luego con el braquet en cuestión y pegamento. Finalmente  usa una luz espacial para secar el pegamento. No han pasado más de 20 minutos desde que el paciente abrió la boca cuando la dentista ya había terminado)

SRA. DEN. Listo. Ya quedó.

PACIENTE:¿En serio?

SRA DEN: Si

PACIENTE: ¿Sin más?

SRA DEN: Sin más.

NARRADOR: A pos bueno.
(Paciente se levanta todavía extrañada y no muy convencida. Mira hacia atrás antes de cruzar el umbral)

SRA DEN: Ya puedes irte. Terminamos por este mes.
(Paciente se va con media sonrisa en el rostro)

NARRADOR: ¿Osea que todo el teatro que me armó el otro fue de oquis?

PACIENTE: Aparentemente, si.

NARRADOR: Pus ya ves.
(Narrador y paciente cruzan  umbral juntos)