sigo soñando con fantasías para sobrellevar la cuerda realidad

domingo, 12 de diciembre de 2010

El coro de Gospel

Estimadísimos (y escasos ) Lectores:
El día de hoy me desperté inspirada, e inmediata mente acudí a este pequeño pedazo de papel virtual. La historia que a continuación escribiré  está aun en progreso,y peor aun, sin título. Así que si alguno de ustedes tiene ideas, no sea tímido y compartalas. Ahora a lo que voy: la historia de Katherine en California y de sus aventuras al unirse a un coro de gospel.


Katherine subió a la camioneta entre el estruendo de la salida de la escuela. El escandalo se quedo afuera al cerrarse la puerta tras la muchacha como la noche sobre el día. Finalmente tenía paz y tranquilidad para hablar con u mejor amigo; el señor Chapmel, su chofer. Aquel hombre era a mayor, con su poblado bigote y lacio pelo entrecano. -Hola- dijo el hombre son una sonrisa surcada de arrugas
- ¿fue un buen día?- Que pregunta tan abierta era esa, pero Katherine sabía contestar cosas así con frases cortas.
- Dentro de lo que cabe señor Chapmel, dentro de lo que cabe- aunque era su mejor amigo, nunca lo llamaba por su nombre de pila, sino por su apellido, en señal de respeto.
El señor Chapmel sonrió de nuevo y dijo- Tan joven y tan compleja . . .
Fue entonces Kathy la que sonrió. Había que admitir que tenía razón. A sus 17 años, la pobre chica se comportaba como una adulta. Desde su ropa hasta su manera de hablar era muy madura  e incluso fría. Muchas veces se había preguntado por que sería así, y la respuesta era tarde o temprano la misma: sus padres. Se habían divorciado cuando ella cumplió 15 años, y ahora ella vivía con su padre, que no había vuelto a casarse a diferencia de su madre, que ahora tenía dos hijos, un esposo nuevo, y una casa al otro lado de la ciudad. Ambos, su madre y su padre eran ejecutivos de gran prestigio y fortuna, la segunda razón de la seriedad de Katherine. Siempre había sido educada en las mejore escuelas de California, e ingresado en toda clase de clases por la tarde. A sus 17 años ella ya tocaba el violín, el piano, hablaba, francés, latín e italiano y sabía montar a caballo. Lo peor de todas estas clases, además de que la opinión de Kathy sobre todos estos talleres nunca fue tomada en cuenta, es que ella tenía que sobresalir en todas las clases para ganarse la satisfacción de cuando menos su padre. Todo aquello forjó el carácter de Katherine hacia la inmutabilidad, la prematura madurez y la distante frialdad.

Los altos edificios corporativos quedaron atrás y las grandes y ostentosas residencias ocuparon su lugar. Aquel era el lugar  en el que ella había vivido toda su vida. Nunca había salido de la zona alta de California, aunque claro que sabía de la existencia de otros lugares menos adinerados. Llegaron al final de la calle donde se encontraba su casa. Tanto el chofer como la joven bajaron y entraron a la casa por la puerta e la cocina, en la parte de atrás. Nunca entraban por la puerta principal, eso era para su padre. Tampoco se sentaron en el comedor, pues era para cuando menos 20 personas, y por lo general, fiestas. Así que los dos amigos se sentaron a la mesa de la cocina y comieron un plato de sopa enlatada cada quién.

1 comentario:

  1. Una vez mas, mi querida Humble Blogger, Conectas extrañas fibras entre el mundo real y la Ezquizofrenia que lucha por salir de mi mente a bailar por el mundo, solo puedo decir que me quito el sombrero ante la originalidad de tu narrativa, sigue así!!

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