Al día siguiente se levantó más alegre que nunca. No se encontró con nadie hasta que entro en la cocina, donde estaba el señor Chapmel. Se sentía muy bien, como si no tuviera que esconder nada a nadie. Se sentía ligera como una pluma, como una nube, como cualquier cosa.
Así que se subió al auto para ir a la escuela, y durante el trayecto le contó al señor Chapmel de como le había ido en el coro , de la manera en la que una niña pequeña habla de su primer día de clases. Y lo mejor de todo, iría ahí tres veces a la semana, como mínimo. No cabía en si de la alegría.
Cuando llegó, se despidió alegre de su amigo, y caminó más segura de si misma que nunca. Ése era un nuevo dí, una hoja en blanco, ahora tenía todas las posibilidades frente a ella. Saludó a todo aquel que se cruzó en su camino con una sonrisa radiante. Estaba en la cima del mundo. Kathy misma no se lo creía. Era como si esas horas en el coro hubieran despertado una parte de ella que no conocía. O tal vez era la idea de que ahora tenía nuevos amigos, más reales que cualquiera que le dirigiera la palabra en la escuela. Cuando llegó al salón echó un vistazo a los grupos que se habían formado. Escogió uno al azar y se integró. Aún no sabía paricipar en una conversación de más de dos, pero ahora puso todo su esfuerzo en disfrutar, en lugar de encajar. Nunca se dió cuenta de como ni cuando decidió eso, pero era algo nuevo, algo dentro de ella que la hacía ser así. Ahora todo era una página en blanco para Kat.
El resto de las clases pasó de la misma manera, Kat se sentía bien, eufórica, ni nada por el estilo, sino que se sentía bien, sin problemas ni complicaciones. Esa cosas no tenían sentido. E incluso en el receso, en la fila para el almuerzo se topó con Max. Kathy se sonrojó, pero pese nuevo algo la impulsó a seguir y mirarlo a los ojos. Para sorpresa de Kaherine, el muchacho sonrió.
-Hola - dijo con un movimiento de la cabeza, que hizo que su cabello acentuara sus palabras. Kathy apenas podía respirar. Quería desaparecer, pero , por otra parte, Max era una página en blanco.
-Hola-respondió Kat, devolviendo a sonrisa, con aparente calma. Se sentía otra vez en otro planeta, donde todo era posible. Mientras tanto el muchacho se sirvió le almuerzo y volvió a mirar a Kathy.
-Nos vemos- dijo con esa blanca sonrisa y su cabello castaño al tiempo que se alejaba a una mesa.
-adiós- le dijo Kat, radiante.
Una vez que el muchacho se hubiera ido, Kathy se sentía toda una hazaña andante. ¡Le había hablado a Max Aber! y lo mejor de todo ¡él había empezado! Ése había sido un día de retos y decubrimientos.
Después de varias horas la campana sonó, Kat no cabía en si de todo lo que había ocurrido, sobre todo el encuentro con Max Aber. Una parte de Kathy sabía que el saludo no había significado mucho par él, pero para ella era el paso más grande en la historia, o más bien, su historia.
Para cuando el señor Chapmel la recogió ella le contó de buena gana todo lo que había sucedido. El señor Chapmel sabía que Kathy era una persona muy tímida e insegura, tal vez incluso débil ante los demás, pero que tenía buen corazón. Nunca le había ni habría dicho a la muchacha de su propia inseguridad, y de lo peligroso que eso podía ser. Le preocupaba que alguien la lastimara, y ella no se pudiera defender. Pero al escuchar las palabras que la joven le contaba ( él sabía de lo de Max Aber) , algo, un peso en su interior, se aligeró un poco. Había esperanzas de que aquella chiquilla , ése frágil capullo, se abriera y saliera una nueva Kathy, la verdadera Kathy. Mientras la jovencita le hablaba, el chofer no pudo más que agradecer que el auto que manejaba se hubiera descompuesto, para que así descubrieran ese coro.
-Así que-empezó el hombre-, ¿cómo estuvo su día jovencita?
Kathy se sorprendió con la respuesta
-Bien, estuvo todo bien- no podía creer que dijera eso de un día de escuela-.Todo comienza a estar bien
Estoy picado con la historia pero no hay continuación en que acabará?...
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